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David Páramo: el hombre que baja la economía de la nube a la sala de espera

Por Bruno Chávez, doctor en historia y periodista accidental en este juego de espejos llamado entrevista. Ah… director editorial de Nuestro Mundo Hospitalario.

 

Es pasado el mediodía durante el segundo día de sesiones del 3er Congreso de la Asociación Nacional de Hospitales, que tuvo lugar en junio de 2025 en Ciudad de México. En el vestíbulo del Centro de Convenciones, a unos pasos del auditorio principal, una fila se formó sin que nadie la anunciara: celulares en alto, sonrisas tensas por la prisa, un remolino amable que avanzaba y retrocedía frente a un mismo punto. David Páramo acababa de llegar a las instalaciones y estaba listo para ser entrevistado en lo que poco después conocimos, de manera interna, como el “cuartel general” de quienes formamos parte del tras bambalinas durante las incansables horas que duró todo el evento que, en ocasiones, remembró a un “cónclave” médico.

 Así, lo primero que sucedió fue una estampida cordial: los miembros de la ANHP lo rodearon para las fotografías, para el saludo breve, para el “gracias por venir”. Figura pública, sí; pero, sobre todo, economista de frases cortas y decisiones largas, como él mismo se ha descrito en diferentes ocasiones. Cuando por fin nos sentamos, todavía con el eco de los celulares activos, dejó el primer trazo del personaje, un consejo personal dirigido hacia mí: “Siempre que tengas prisa, relájate. Es el mejor tip de la vida”. Lo expresó casi como si estuviera dándonos una receta clínica para la urgencia, debió notar el vaivén de colegas y compañeros que entraban y salían del “cuartel” buscando a Adriana Zamora o a Miguel Ángel Hernández para, sin duda, resolver los múltiples bomberazos que surgen en actividades multitudinarias y estruendosas como la nuestra. 

Le pedí que se presentara para el registro y sonrió con su marca registrada: “David Páramo, el padre del análisis superior”. La escena parece simple, pero no lo es. Es el cruce entre quien ha dedicado décadas a descifrar la lógica del dinero y quien, en buena medida, de manera pública y privada se ha vinculado con el sector que nos atañe (el hospitalario privado), que diariamente convierte presupuestos en atención, capex en tecnología y quien nos ha explicado cómo los costos pueden reflejarse y traducirse en resultados clínicos. Páramo no tarda en dinamitar la sospecha de que la economía es un asunto ajeno a la salud: “El tema económico tiene que ver con todos los aspectos de la vida. No hay un solo hecho en la historia de la humanidad que no pase por lo económico”. El presentador, el columnista, el paciente, el administrador y la jefa de enfermería caben plenamente en esa oración.

Entonces, aparece su definición de bolsillo, de esas que te dejan pensando en la caja del hospital tanto como en la UCI: “¿Qué es el análisis económico al final del día? Es cómo manejar de mejor manera los recursos escasos. Todos los recursos son escasos”. No es cinismo, es método. En un hospital, recortar sin pensar puede ser tan costoso como gastar sin medir. Por eso remata con una advertencia que parece hecha a la medida del sector: “La administración correcta no es decir ‘no hay presupuesto, gastamos menos’, porque a lo mejor por ahorrar terminas perdiendo más”. En México, la “austeridad” mal entendida se vive en carne propia: el país se mantiene entre los niveles más bajos de gasto en salud per cápita de la OCDE (OECD, 2024), mientras los hogares absorben crecientes costos. Entre 2018 y 2020, la proporción de hogares con gasto catastrófico casi se duplicó de 2.4% a 4.4% (CONEVAL, 2024); y para 2024 ese indicador fue 64.5% mayor que en 2018 (México Evalúa, 2025). Además, el gasto de bolsillo creció 7.9% real (2022–2024) hasta un promedio de $6,421 por hogar (CIEP, 2025). Para la ANHP, estas evidencias refrendan la amonestación de Páramo, de ahí la necesidad de invertir bien en calidad, seguridad del paciente e información financiera clara

La conversación se vuelve, sin proponérselo, un manual compacto de supervivencia para organizaciones complejas. Asociarse no como coartada, sino como estrategia. “Las asociaciones privadas tienen un poder muy grande para hacer lo correcto. Porque la fuerza de muchos es superior a la fuerza de uno”, dice, y uno piensa de inmediato en quirófanos, en compras de alto costo, en programas de seguridad del paciente que mejoran cuando se comparten evidencias. La analogía deportiva le brota en automático: compites, claro, pero la cancha (la regulación, las reglas del reembolso, el entorno macro) la construyes mejor en conjunto.

Ese “en conjunto” tiene un borde nítido: no es cartelización ni acuerdos de precio. Es voz y es agenda. “La voz de una asociación debe ser esa: no callarse con el gobierno ni aplaudirle al gobierno”, subraya. Lo dice sin estridencia, con esa serenidad del que prefiere una hoja de cálculo legible a un discurso bienintencionado. Traduzcamos su tesis al idioma de la clínica: defender el interés del paciente y la calidad es también defender la sostenibilidad del hospital que lo atiende. Si la política pública se equivoca, hay que decirlo; si acierta, también. Desde ahí, David no realiza una crítica al Estado, hemos cruzado ese umbral sin herir susceptibilidades, sino más bien fortalece la importancia de un mundo en el que las voces no tienen que ser forzosamente opositoras o aliadas, sino críticas y resilientes para organizar un futuro pleno en donde la responsabilidad sea compartida. 

Por ello, Páramo va al núcleo duro, al lugar donde la economía deja de ser un comentario y se vuelve condición de posibilidad: “Una empresa debe ser sostenible financieramente […] Es como cuando vas en un avión y sale la mascarilla: te la pones primero a ti”. No hay dilema moral en esa imagen, hay responsabilidad, esa que ampara a las sociedades cuando de fortalecerse, como mencionamos líneas arriba, se trata. Durante la entrevista, el famoso locutor insistió en que la solvencia no es un fin en sí mismo; es la premisa que permite pagar nóminas, mantener equipos, atraer talento, capacitar, evolucionar. Y, sobre todo, seguir. En salud, seguir es mucho decir. Porque de la conversación con David Páramo podemos extraer un ejercicio de memoria preocupante bajo una pregunta intensa: ¿cuántas corporaciones hospitalarias ha quedado en el olvido o han sido absorbidas por otras precisamente como resultado de la sustentabilidad en cualquiera de sus vertientes? 

De pronto aterriza en otra frontera donde a veces naufraga el debate público: las etiquetas. “No existen las políticas económicas ni de izquierda ni de derecha, Bruno. Hay políticas buenas y malas […] Gastar inteligentemente es correcto. Tirar el dinero es incorrecto”. La frase conviene guardarla en la cámara frigorífica de nuestro temporal. Gastar bien en salud no es gastar menos ni más: es gastar mejor. Es investir lo que sostiene el corazón del hospital: talento clínico, mantenimiento preventivo, tecnología con evidencia, procesos que bajan el riesgo y suben los desenlaces. El resto es ruido.

Hablamos, inevitablemente, de la intersección con aseguradoras. La sala, que a esa hora ya se inundaba como la base operativa de esta revista y no como la del Congreso, se quedó un segundo en silencio. Páramo no bordea: “Uno de los grandes temas pendientes de los hospitales es replantearse su relación con las aseguradoras”. Y explica el porqué con la crudeza de quien ha visto demasiadas veces la misma película: “Parece que la aseguradora está diseñada para [complejizar] y el que termina pagando el pato es el hospital. El daño no es solo de flujo: es reputacional. La cara visible cuando algo falla no es la póliza ni el call center: es la caja. Ahí asiente todo el mundo”. Y podemos diferir o coincidir con Páramo, pero parte de la verdadera misión de la Asociación se ve reflejada en estos testimonios, la elaboración de nuevas medidas relacionales con las aseguradoras y el éxito para todas las partes involucradas que, desde hace varias administraciones, ha engrosado el deber ser del perfil profesiográfico en la AHNP. 

Por tanto, mientras le vemos sorber un poco de la bebida que con especial ahínco se le sirvió, resulta más que pertinente el cuestionamiento sobre cuánto margen real hay para ganar eficiencia sin desfondar la calidad, entendiendo que no hay maneras ideales para lidiar con las administraciones alrededor del sector salud. Su respuesta es una consigna útil para todo comité directivo: “Siempre hay espacio para reducir los costos operativos. ¡Siempre!”. Pero no es tijera por tijera: es la obsesión por el uso. “Siempre preguntarse en qué estás gastando el dinero”, insiste. Lo que propone no es un severo plan de recortes; es una gimnasia organizacional que alinee prioridades clínicas con prioridades financieras y haga visible lo que suele esconderse en rubros genéricos: la merma, los procesos duplicados, la compra fragmentada, el equipamiento que se deprecia por falta de uso, la curva de aprendizaje que nadie sistematiza.

A mitad de conversación entramos a un terreno que suele confundirse con “cosmética”, pero que en realidad es sustantivo: comunicación. ¿Cómo hablar de finanzas con pacientes, médicos, aseguradoras y equipos internos sin perderse en tecnicismos? Páramo lo dice con la misma dureza con que hablaría de una mala inversión: “Cuando puedes explicar algo en términos muy sencillos es cuando es eficiente”. La consigna es directamente aplicable a estados de cuenta, consentimientos informados, políticas de cobro, alcances de póliza y acuerdos de pago: si nadie los entiende, no funcionan. Y añade una escena de bolsillo, un ejemplo que parecería doméstico si no fuera por lo pedagógico: “Tipo de cambio fijo, mueves la casa; tipo de cambio libre, mueves la brocha”. Entender qué mover y dónde es media estrategia.

La conversación retorna entonces a la experiencia del paciente, acaso el punto en el que la economía, bien hecha, toca la fibra. Páramo no esquiva su propia historia clínica. Habla de la urgencia, del miedo, del humor como defensa, analiza su caso para que no evadamos la realidad de su diagnóstico (mismo que hizo público para aplaudir el trabajo que realizaron en las intervenciones que derivaron de lo que vivió en carne propia): “Si nada más me dio un aneurisma, no me quedé pendejo [sic]”, dice, y a muchos se nos tuerce una sonrisa cómplice. No busca provocar; busca llamar las cosas por su nombre. Lo que en el fondo reclama es el trato digno sin condescendencia. Ni “pacientito” ni guion enlatado. La vara está clara: “Yo creo que el éxito de un hospital debe ser cómo tratas a gente en momentos que no está feliz”. Es una definición preciosa porque engloba el nacimiento y la terapia intensiva, el alta y el duelo, la rehabilitación y la espera. Nos hace reflexionar que, a la mitad de una charla con un economista, hemos encontrado el punto común que subyace en cada uno de los textos que hemos escrito: la humanidad. Y es que las experiencias personales son la punta de lanza para que logremos estructurar políticas colectivas en favor de grupos marginados, privilegiados o sectores medios. En donde la salud no sea una cuestión de conexiones altas o varas gubernamentales, sino una materia de ejercicios comunes vividos por cada uno de nosotros. 

Volvemos a lo estructural. ¿Cómo hacer resiliente un hospital en un entorno cambiante? Su receta suena a proverbio halájico: vacas gordas y vacas flacas. Ahorra cuándo y dónde corresponde, invierte con intención y evita la montaña rusa de decisiones que hoy te dejan arriba y mañana te dejan sin aliento. En su síntesis, el sistema privado no compite contra un “enemigo”; complementa, y muchas veces sostiene, lo que el sistema público no alcanza por escala y capacidad. Pero ese papel no se regala: se construye con procesos, con disciplina y con una relación honesta con el riesgo.

En ese cruce aparece otra frase que pide pared para enmarcarla: “Gastar el dinero ajeno siempre es más fácil que el propio”. No hay reproche, hay diagnóstico. En salud, gastar el “dinero ajeno” (público, de pólizas, de filantropía) sin métricas, sin evidencia y sin propósito es una injusticia que paga el paciente y un lujo que ningún sistema puede costearse. Volvemos así al principio de su mapa: recursos escasos, decisiones claras, comunicación simple, sostenibilidad primero.

Mientras cerramos, alguien del comité nos hace señas desde la puerta: hay otra mesa, otro panel, otra foto a la que debe acudir el “padre del análisis superior”. Antes de levantarse, Páramo redondea con la misma calma del arranque, como quien ajusta un monitor para que quede a la altura correcta: “No se debe poner el punto económico por encima del servicio que das”, dice, “porque tu origen es dar un servicio hospitalario”. Parece obvio; no lo es. Sin embargo, cuando lo enuncia así, sencillo, todo encaja: la economía bien contada, y mejor aplicada, no es un Excel; es una política de hospital que hace mejor medicina.

Afuera, otra vez, la sala se vuelve pasillo y el pasillo se vuelve sesión de fotos. Se repite el remolino amable de hace un rato: mano al hombro, el pulgar arriba, el “maestro, una más”. Y uno entiende por qué lo rodean. No es la celebridad del comentarista; es la utilidad de sus frases. En un país que suele discutir la salud como si no costara, o el dinero como si no doliera, escuchar que “siempre hay espacio para reducir los costos operativos” sin sacrificar la calidad es más que una opinión: es una invitación. A pensar mejor, a decidir mejor, a tratar mejor. Y a relajar la prisa, incluso en medio de un congreso, para elegir con la cabeza fría aquello que, en el fondo, sostiene todo lo demás.

 

Referencias: 

  • CONEVAL. (2022, octubre 5). Nota informativa: Evaluación estratégica de salud (Comunicado).https://www.coneval.org.mx/SalaPrensa/Comunicadosprensa/Documents/2022/NOTA_INFORMATIVA_EVALUACION_ESTRATEGICA_DE_SALUD.pdf
  • México Evalúa. (2025, julio 31). Gastos catastróficos en salud se disparan 64.5% en 2024 frente a 2018. https://www.mexicoevalua.org/gastos-catastroficos-en-salud-se-disparan-64-5-en-2024-frente-a-2018-mexico-evalua/
  • OECD. (2024, junio 20). Society at a Glance 2024: Health spending. https://www.oecd.org/en/publications/society-at-a-glance-2024_918d8db3-en/full-report/health-spending_31f85872.html
  • CIEP. (2025, agosto 5). Gasto de bolsillo en salud: Resultados de la ENIGH 2024. https://ciep.mx/gasto-de-bolsillo-en-salud-resultados-de-la-enigh-2024/
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