Regresar

Economía de la Salud Privada en México.

Un modelo económico insostenible. 

Al participar en un foro de profesionales de la administración de riesgos empresariales, se me preguntó si el modelo actual es sostenible a largo plazo o, en caso contrario, qué debería cambiar. 

Mi respuesta fue: si definimos ser sostenible a que las dinámicas del segmento económico fluyan de tal manera que, la atención en salud se brinde sin demérito en la calidad y la seguridad, a costos estables, establecidos como un incremento porcentual proyectado contenido,  que permitan que las primas de renovación estén igualmente contenidas y con los beneficios permaneciendo sin cambios; entonces el modelo ha dejado de ser sostenible desde hace varios años ya que la inflación en salud en México en los últimos seis años se ha ubicado entre diez y catorce puntos porcentuales por encima de la inflación general. Dicho de otra manera, la inflación en salud ha superado la inflación general 3,3 veces. 

No es sostenible porque los costos de la atención sanitaria y de las primas de renovación han crecido más rápidamente que la capacidad de pago de la población, mientras que los beneficios se han reducido sustancialmente. El resultado es un ecosistema privado de salud cada vez más costoso, con riesgos de exclusión y, con el tiempo, de inaccesibilidad para millones de personas.  

Hoy, la inflación de la salud en México es la más alta del mundo. El 2025 cerró en 14,9% y se proyecta que para 2026 permanecerá sin cambios o, de manera optimista, se contraiga en una o dos décimas de punto porcentual. 

Lo anterior deja al descubierto un problema estructural. Mientras la economía general muestra señales de estabilización, los servicios médicos continúan encareciéndose a una tasa de hasta cuatro veces mayor. El fenómeno no responde a una sola causa, sino a una combinación de factores económicos, tecnológicos y operativos que afectan a todos los actores del ecosistema.

Factores que incrementan los costos de la atención en salud.

La interacción entre las variables determinantes es verdaderamente compleja. Como los impulsores, se identifican los cambios en el precio de los productos y servicios médicos, así como en los medicamentos de prescripción—inflación de los costos unitarios—, la adopción de nuevas tecnologías, el aumento de la intensidad del uso de los recursos médicos y un notable exceso de intermediarios en la cadena de atención y de suministros. A esto se suma un contexto económico adverso: incremento de los costos laborales y energéticos, dependencia de insumos provenientes de Estados Unidos y Europa, así como desafíos y conflictos geopolíticos, lo que ha provocado una escasez global de componentes farmacéuticos y biomédicos, así como un aumento de los costos de los servicios logísticos.

Las reformas laborales y los incrementos del salario mínimo también han tenido un impacto significativo. Ciertamente, esta política ha fortalecido la economía de las familias de millones de trabajadores, pero también ha elevado los costos operativos de hospitales, aseguradoras, empresas de mantenimiento, de logística y de proveedores médicos. En un sector tan dependiente de personal especializado, cualquier incremento salarial repercute directamente en el costo final de la atención. 

Otro vector que incide significativamente en la escalada de costos de la atención proviene de la evolución tecnológica del sector. La práctica de la medicina contemporánea depende cada vez más de equipos biomédicos avanzados, de sistemas digitales integrados, de procesos diagnósticos que van hasta el nivel molecular, de tratamientos supraespecializados y de asistentes quirúrgicos robóticos.

Este progreso tecnológico conlleva mayores costos de adquisición, actualización, mantenimiento y capacitación. 

A lo anterior debemos sumar que la demanda de servicios de salud se mantiene en crecimiento progresivo, en buena parte debido al envejecimiento de la población y, con ello, al incremento de las enfermedades crónico-degenerativas, que han impulsado el consumo de los servicios de salud en los diferentes niveles de atención, ya que el progreso de la medicina actual ha logrado que las personas vivan más tiempo, pero no de manera saludable. Entonces observamos una mayor presión económica que no solo se manifiesta en el precio unitario, sino también en el volumen y la frecuencia de uso.

Incentivos, intermediarios y sostenibilidad del sistema

En este contexto, los modelos de atención adquieren una relevancia mayúscula. En nuestro país, el sistema de salud privado opera principalmente bajo esquemas reactivos e indemnizatorios, que tienden a incentivar la utilización hospitalaria, la fragmentación de la atención y un mayor consumo de servicios. El problema de los incentivos mal alineados surge cuando el modelo favorece a los actores del ecosistema que obtienen beneficios económicos ligados al aumento del gasto médico, en lugar de promover e incentivar los resultados clínicos, la prevención y la eficiencia. 

El exceso de intermediarismo profundiza la inestabilidad del segmento. Entre fabricantes, distribuidores, subdistribuidores, brókers, administradores, médicos, aseguradoras y hospitales se han generado múltiples capas de comercialización y manipulación de la cadena de atención que encarecen sustantivamente los insumos, los medicamentos y los procedimientos. La insuficiencia regulatoria en ciertos segmentos facilita prácticas en las que la eficacia clínica no necesariamente se corresponde con la eficiencia económica. 

La presión financiera derivada de este entorno se manifiesta en una marcada asimetría. Los extremos del ecosistema, es decir, los hospitales y las aseguradoras, enfrentan costos crecientes, pero con márgenes cada vez más limitados. 

Las consecuencias de esta dinámica ya son evidentes y palpables en nuestro país: menor capacidad de las personas para acceder a seguros médicos privados, reducción de las coberturas y de los beneficios contratados y un incremento sostenido del gasto de bolsillo. La presión se ejerce con la misma intensidad en los distintos sectores de usuarios y contratantes, pero con mayor impacto en las clases medias y en las empresas que financian prestaciones de salud para sus trabajadores.

La siguiente pregunta obligada es: ¿Qué proporción de la inflación médica en México puede deberse a ineficiencias del ecosistema? Si en Europa, donde la mayoría de las economías tienen tasas de inflación general controladas y los servicios de salud están bajo el control y la rectoría del Estado, se proyecta un incremento en los costos de la atención sanitaria del 8,2%; esta tasa, comparada con la de nuestro país, arroja una diferencia de 6.6 puntos porcentuales, lo que nos lleva a inferir que esa es la banda de ineficiencia (y de oportunidad) que enfrentamos en nuestro sistema. 

Frente a este escenario, las acciones estratégicas de choque cobran especial relevancia. La prevención, la detección temprana y el manejo intensivo de las enfermedades crónicas pueden reducir las hospitalizaciones y las complicaciones de alto costo. La migración hacia modelos ambulatorios, la reducción de las estancias hospitalarias y el apego estricto a los protocolos clínicos también contribuyen a contener el gasto.

Otro componente clave es la gestión eficiente de los planes de salud mediante la operación de esquemas de salud administrada, la administración exhaustiva de los convenios estratégicos y el monitoreo intensivo de casos clínicos complejos. No menos importante es impulsar el uso de los medicamentos genéricos de marca, pues esto fortalecerá el acceso sin comprometer la calidad terapéutica. 

Como ya lo he expresado, es menester replantear cómo deben fijarse los incentivos, se hace totalmente indispensable que se empiecen a medir resultados como los PROMs (Patient-Reported Outcome Measures) y que estos aporten a transformar la discusión económica del segmento. Estos indicadores permiten, además, evaluar los resultados desde la perspectiva del paciente y dejar atrás los indicadores ligados únicamente al volumen de servicios prestados. Esto abre la puerta a esquemas de pago basados en el valor y en resultados clínicos, en lugar de incentivos ligados exclusivamente al consumo.

A modo de conclusión, afirmo que la discusión de fondo ya no gira únicamente en torno a cuánto cuesta la atención médica y cómo evolucionan dichos costos, sino también a cómo se deben reorganizar los incentivos del sistema, eliminar el intermediarismo, impulsar reformas regulatorias, acelerar la transformación digital y construir modelos centrados en resultados clínicos, para que estos sean los elementos decisivos para contener la inflación médica sin desmedro de la calidad de la atención.

La economía de la salud en México enfrenta un gran desafío: equilibrar la sostenibilidad y la innovación y, como consecuencia, hacer asequibles los servicios de salud privados y ampliar el acceso a ellos, en un entorno en el que los costos crecen más rápido que la capacidad de pago de la población. 



Autor:

Dr. Horacio Garza Ghio

Director General de CHRISTUS MUGUERZA. 

Sobre el autor:

Horacio Garza Ghio es médico cirujano y, desde el 2012, se desempeña como Director General del sistema de salud privado CHRISTUS MUGUERZA. Cuenta con más de dos décadas de trayectoria en el sector salud y colabora activamente en consejos de administración y asociaciones civiles enfocadas en el bienestar social y la educación médica.

Referencias

Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros. (2025). Panorama del seguro de gastos médicos en México.

Deloitte. (2025). 2026 Global Medical Trend Rates Report.

Reuters. (2022). Trends in launch prices of prescription drugs, 2008–2021.

Secretaría del Trabajo y Previsión Social. (2025). Evolución histórica del salario mínimo en México.

Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD). (2024). Health at a Glance 2024.

World Health Organization. (2024). Global spending on health: emerging trends and challenges.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Te recomendamos