Propuestas para construir un México con salud visual

Reportaje especial basado en entrevista con la Dra. Valeria Sánchez Huerta, Directora General del APEC Hospital de la Ceguera

 En México, la vista determina mucho más que la capacidad de observar el mundo. Define si un niño puede aprender, si un adulto puede trabajar y si un adulto mayor puede conservar su autonomía. Sin embargo, la salud visual sigue tratándose como un asunto secundario dentro del sistema de salud. 

La entrevista con la Dra. Valeria Sánchez Huerta llega en un momento crítico: cuando la discapacidad visual aumenta, los servicios se encuentran saturados y el país se acerca a un punto en el que no actuar significará asumir costos sociales y económicos irreversibles. Hablar de salud visual hoy no es un acto técnico, sino un llamado urgente a reorganizar prioridades nacionales. 

La pérdida visual afecta a millones de personas y constituye una de las discapacidades más prevenibles. Sin embargo, continúa sin ocupar un lugar estratégico dentro de la política pública. El documento Propuestas para construir un México con salud visual 2024–2030, analizado con la Dra. Valeria Sánchez Huerta, ofrece un diagnóstico crítico sobre las fallas estructurales del sistema y las acciones urgentes que el país debe emprender (Sánchez Huerta, 2025).

Desde su experiencia, la Dra. Sánchez Huerta describe un sistema fragmentado, con comunicación limitada entre actores y sin integración real de la salud visual en los programas preventivos. “La salud visual no se reconoce con la relevancia que amerita ni se incorpora de forma adecuada a los programas de prevención” (Sánchez Huerta, 2025, p. 1). También advierte la ausencia de información sólida: “No contamos con registros epidemiológicos confiables y centralizados que permitan tomar decisiones informadas” (Sánchez Huerta, 2025, p. 1). Este déficit se agrava con la concentración geográfica del recurso humano especializado.

El panorama epidemiológico tampoco es alentador. Actualmente, 16 millones de personas viven con algún grado de discapacidad visual y, sin acciones contundentes, la cifra podría elevarse a 27 millones hacia 2040. La carga económica supera los 50 mil millones de pesos anuales, pese a que cerca del 90 por ciento de los casos son prevenibles (Sánchez Huerta, 2025).

Observando experiencias de otros países, la Dra. Sánchez Huerta comenta que la Atención Ocular Integrada y la estrategia Visión 2030 de la OMS han demostrado beneficios tangibles. “Hay países donde la alianza entre optometristas y oftalmólogos ha permitido diagnósticos más oportunos y procesos más eficientes” (Sánchez Huerta, 2025, p. 1).

Para México, el eje de acción más inmediato está en el primer nivel de atención. “Fortalecer el primer nivel y capacitar a todo el personal de salud permitiría obtener resultados rápidos sin un costo adicional significativo” (Sánchez Huerta, 2025, p. 2). También se destaca el rol del sector educativo mediante tamizajes escolares tempranos.

Respecto al acceso en comunidades remotas, la tecnología se presenta como una solución viable. Plataformas como RetinIA permiten obtener imágenes del fondo de ojo y generar alertas diagnósticas automáticas. La Dra. Sánchez Huerta enfatiza que integrar al optometrista en el primer nivel y capacitar a médicos generales en tamizajes básicos puede multiplicar la detección temprana (Sánchez Huerta, 2025).

En cuanto al sector privado, su papel puede ser complementario si se maneja con responsabilidad. “El sector privado puede contribuir mediante convenios de servicios y colaboración que amplíen la cobertura efectiva” (Sánchez Huerta, 2025, p. 2). Ello incluye formación de especialistas, proyectos científicos y apoyo tecnológico.

Los obstáculos estructurales persisten. Para revertirlos, es indispensable que las autoridades reconozcan la salud ocular como tema estratégico. “Mientras las autoridades no vean las implicaciones biopsicosociales de la pérdida visual, no habrá acciones contundentes” (Sánchez Huerta, 2025, p. 2). Reactivar el Consejo Nacional para la Prevención y Tratamiento de Enfermedades Visuales y generar estadísticas confiables son tareas urgentes.

Sobre el liderazgo femenino en la oftalmología mexicana, la directora reconoce figuras que transformaron el campo. “El aporte de las mujeres ha sido fundamental en el crecimiento académico, clínico y quirúrgico” (Sánchez Huerta, 2025, p. 2). Hoy, las mujeres representan el 60 por ciento de los jefes de servicio, la mitad de las residentes y más del 70 por ciento del personal dedicado a la salud visual.

Si México aplicara de manera consistente las diez estrategias del documento, los próximos cinco años podrían marcar un punto de inflexión: mayor cobertura, mejor distribución del personal, expansión de la tele-oftalmología y rutas clínicas estandarizadas en el sector público (Sánchez Huerta, 2025).

La Dra. Sánchez Huerta concluye con un mensaje categórico: “Si no aprendemos a trabajar juntos, no podremos avanzar. Nadie puede lograrlo por sí solo” (Sánchez Huerta, 2025, p. 3). El envejecimiento poblacional hará más urgente esta coordinación. “El envejecimiento poblacional nos obliga a actuar hoy” (Sánchez Huerta, 2025, p. 3)

La salud visual en México se encuentra en un punto de quiebre. Las cifras, las brechas y los retos son evidentes, pero también lo es la capacidad del país para responder si existe un compromiso compartido. Las propuestas están planteadas, las herramientas existen y los modelos internacionales muestran que sí es posible cambiar el destino de millones de personas. Como dice la Dra. Sánchez Huerta, “nadie puede lograrlo por sí solo”, y quizá ahí esté la clave: en entender la salud visual como una tarea que implica a todos. Lo que está en juego no es solo ver, sino permitir que cada persona en México participe plenamente en su vida familiar, laboral y comunitaria. Ver bien no es un lujo; es una condición básica para vivir con dignidad.

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